KAMIKAZE

Mientras piloteaba su avión lleno de explosivos, Kichiro Tanaka pensó en las manos de las mil mujeres que habían tejido el senninbari atado a su cintura. Luego, tras estrellarse sobre el portaviones enemigo, creyó reconocer la luz del espíritu de los guerreros muertos en esas luces de colores que pestañeaban a lo lejos. Por eso, cuando salió de la bruma y vio el Zero incrustado en el techo, se desnudó, entró, saludó con una reverencia al público perplejo y se puso a bailar frenéticamente, convencido de que estaba en el cielo y no en una discoteca camino a Chiguayante.

Enrique Silva, 51 años
Coronel

Ilustración: Claudio Romo